Los amigos que perdí



Debo reconocer que últimamente he estado muy inclinado, sugestionado, atraído, por atreverme a pasear por el camino sinuoso del pasado, más aun, después de haber posteado el último tema en este blog. Luego de haber dejado pasar varios días -aclarando que la lejanía temporal de este espacio virtual ha sido específicamente por temas netamente laborales- estuve muy pensativo, y hasta algo ansioso por saber que es de la vida de las personas, o mejor dicho, de las tres señoritas de quienes resolví comentar en mi anterior post. Por fortuna, hace muy poco pude conocer algo de DN, porque como lo relaté en su respectiva historia, nos cruzamos en la universidad, pero, la incógnita de averiguar acerca de las otras dos féminas, me motivó a hacer un breve trabajo de investigación, pretendiendo ser un aprendiz de Sherlock Holmes.

Para suerte de muchos, o por lo menos para los que recurrimos con frecuencia al Internet, existen comunidades virtuales en las cuales se puede encontrar información de mucha gente, entre ellas, los conocidos MySpace y Facebook. Fue entonces que sin mucho preámbulo, me aventuré a buscar a estas chicas en cada una de estas sociedades del ciberespacio, teniendo resultados positivos en mi versión ficticia de misión imposible.

Cuando encontré a Valeria en uno de estos sitios muy populares -para posteriormente ver sus fotos más recientes- no llegué a los niveles altos de impresión que yo mismo especulé que iba a tener, es decir, a pesar de haber transcurrido varios años desde la última vez que la vi, no reflejaba un mayor cambio. Tal vez, mi reacción también se debió a que tan solo estuvimos estudiando un solo año, y pues, considero que es muy poco tiempo para conocer al 100% a una persona, y sobre todo, que esta deje una imagen significativa, elocuente, relevante, en la memoria de alguien.

Sin embargo, fue totalmente distinto cuando llegué hasta el perfil de Lorena, donde si tengo que aceptar haberme quedado petrificado ante su evidente evolución. La figura de niña intelectual que aun tenía de ella, fue inmediatamente reemplazada por la de una mujer realizada y renovada, y esto, sin duda puede ser el fruto del provechoso esfuerzo que haya realizado cuando consumó la etapa escolar.

Habiendo saciado mí inquieta curiosidad, meditando un poco sobre el vívido cambio de Lorena, me hice a mi mismo una pregunta: si a ella le está yendo -aparentemente- bien, ¿qué será de los otros muchachos y muchachas que estudiaron conmigo en aquella época?

Mi fisgoneo volvió a encenderse y raudo decidí surfear por la lista de amigos de Lorena, leyendo uno por uno los nombres de los integrantes, para ver si alguno de estos era posible recordar o reconocer. Para sorpresa mía, la memoria no me jugo tan mal, ya que de forma fotográfica comencé a esbozar las imágenes de algunos miembros que inevitablemente fueron parte mi primer grupo social.

Esta vez no me deje atrapar por la nostalgia, pero si tenía una sensación extraña, como de inconformidad, y ante esta situación, solo pude deducir que la razón por la cual me sentí así de incomodo, penoso, irritado, era el simple hecho de no contar con la familiaridad que acostumbro entablar con mis demás amistades.

Lamentablemente mi salida del primer colegio fue tan intempestiva, que no tuve el tiempo necesario para recopilar información de algunas personas, y la adaptación al que sería mi nuevo entorno fue tan rápido, que terminó por sepultar toda intención de establecer algún tipo de contacto. A pesar de todo, tuvieron que pasar unos años para encontrarme con un chico de esa promoción, a quien recordaba perfectamente, ergo, el lo hacía de manera similar.

Diego Echevarría estuvo en mi salón hasta el último año que estudié ahí, y fueron reiteradas las oportunidades que nos encontramos: el examen de admisión a la universidad, las clases de inicio de ciclo, campeonatos deportivos, y por si fuera poco en mi propia oficina, porque por cosas del destino, decidió presentarse para un puesto de trabajo.

Aun recuerdo el día que nos volvimos a ver en su primer día como representante médico, fue un momento muy gracioso, ambos nos saludamos efusivamente y no parábamos de burlarnos de las incontables veces que de manera imprevista nos encontramos. Luego de tanta cháchara, no pude evitar preguntarle si se mantenía en contacto con la gente de la promoción, a lo que presto se animó a contarme una reseña dosificada de todo lo que me perdí en esos años.

Llegó el día en que mi buen amigo decidió renunciar a su cargo, para ir a laborar a otra empresa, y a pesar de jurar no perder la comunicación, ha sido muy complicado el poder ubicarnos. Pude enterarme por otras fuentes que le está yendo muy bien en su nuevo trabajo, mientras que por mi lado, espero poder contar nuevamente con esa auténtica amistad que decidimos rescatar, de ese pequeño mundo del que me vi obligado a partir.

(…)

Hace exactamente 5 años, estuve trabajando en una compañía del rubro tecnológico y de soluciones de negocios, a la cual fui llevado por un conocido al que llamaremos RJ. Este personaje se hace confidente conmigo cuando empezamos a estudiar en la misma universidad; a pesar de que ambos vivíamos muy cerca en aquella oportunidad, nunca tuvimos la confianza de poder establecer diálogo alguno. Estuvimos frecuentándonos por un buen tiempo, hasta que decidió salir de la universidad porque había encontrado trabajo.

Pasaron varios meses hasta volver a contactarnos, esta vez, RJ vino con una proposición inesperada: ir a trabajar con el. En ese momento yo estaba desempleado, así que luego de ser embargado por la emoción a causa de la noticia, acepté y agradecí que haya pensado en mí para ese empleo.

El primer año que trabajé con el fue regular, aprendí muchas cosas del lugar, gané más experiencia y conocí más del ambiente informático. Sin embargo, en los meses posteriores las cosas comenzaron a fastidiarme, no solo por la actitud de RJ, quien estuvo con la cabeza caliente, haciendo cosas sin disimulo, y cayendo en la informalidad, perjudicando directamente el trabajo. A esto quiero mencionar, que quien fue el jefe de ambos en ese entonces, cumplía con muchas de estas características, y en parte, creo que RJ aprendió todas esas malas costumbres de esa persona, probablemente porque los dos tenían muchos años trabajando juntos.

Estando aburrido por las irregularidades y excesos dentro de esa oficina, decidí buscar otras alternativas laborales, y tras una discusión previa con el ex jefe, la decisión se resolvió. Yo no quería seguir en ese ambiente, y tras quedar en buenos términos con este señor, agarré mis cosas y me retiré sin pudor, y es que podría tener muchos defectos, pero jamás aceptaría que me cataloguen como a esas personas, alguien informal, irresponsable, descuidado, voluble.

Los días posteriores a mi salida de esa empresa no fueron tan fáciles, por suerte, pude hacer amigos y estos se molestaron en solicitar mis servicios para implementar algunas necesidades. De repente, algunos de estos dejaron de llamarme, reduciendo mi posibilidad de ingresos. Fue entonces que pude enterarme por terceros, y de suma confianza, que RJ había estado “advirtiendo” a estos contactos sobre mi, aduciendo que era alguien poco preparado para solucionar sus problemas. Además de lidiar con este inconveniente, aunque me de un poco de vergüenza tener que mencionarlo, estuve constantemente llamándolo y exigiéndole que me pagara un dinero que buenamente le presté, en un momento que para el era de angustia. Lo único que hizo al respecto fue inventar cualquier excusa para no pagar, incluso hasta involucrarme innecesariamente en un problema que el tuvo con otras personas.

Este hecho fue sin duda el que demostró que RJ, a causa de su calentura, decidió calcinar lo que quedaba de la confianza y aprecio entre ambos, porque cuando yo estuve en la necesidad de ese recurso, el simplemente se desinteresó del tema, mientras que yo, no dudé en apoyarlo cuando me expuso su hipotética urgencia.

Pude enterarme después que viajó al extranjero, con intención de buscar mejor suerte, pero no paso mucho tiempo para que retornase a Lima con su familia. Actualmente sigue viviendo muy cerca de donde yo vivo, pero, a pesar de habernos cruzado en pocas oportunidades, no existirá esa seguridad con la que solíamos socializar antes de nuestra convivencia laboral.

(…)

Dicen que hay de todo en la villa del señor; ya estando en mi nuevo centro de labores, conocí a JG, una de las primeras personas que me recibió de manera amable en la empresa, y que se pudo ganar fácilmente mi consideración con sus detalles. Aparentemente ella llevaba una relación armoniosa con los demás empleados, sin embargo, conforme pasaban los meses, al menos yo, me iba dando cuenta de algunos arranques y síntomas en ella, los cuales me hicieron cuestionar muchas veces su promocionada cordialidad.

JG es la típica persona que pretende llamar la atención, lamentablemente, este objetivo no lo logró a base del buen trabajo que realizaba, sino con sus intolerantes actitudes. El estar en un cargo de suma confianza para la empresa, la llevó a cometer una serie de abusos y faltas de respeto contra algunos de los que desinteresadamente recurrían a ella, para ver temas puntuales del negocio; incluso yo, que pensaba de manera inconciente que éramos amigos, en varias ocasiones fui víctima de sus mal humorados actos.

Algunas personas en la oficina comentaban sobre el mal carácter que ella demostraba, y admito que en reiteradas oportunidades me atreví a defenderla, por el simple hecho que no me agrada que hablen mal de los que son mis amigos, y menos cuando estos no están presentes. A pesar de todo, seguí comprobando que los comentarios hechos por los demás eran ciertos, al punto que cada vez era más evidente su mala reputación.

El no tener la capacidad de trabajar en equilibrio con las personas, llevó a los altos directivos a analizar su permanencia en el puesto, y a pesar de ya ser conocida como lo que es, una problemática, se le dieron muchas oportunidades para que revindique esa imagen. Tristemente, JG nunca aprovechó todas esas coyunturas, y sumadas a sus malas gestiones en el cargo que ostentaba, motivaron a la gerencia a prescindir de sus servicios.

Lo más desagradable de esto, fue que muchos fuimos testigos de las malacrianzas y majaderías de esta mujer, pues al ser notificada de su cese, se dedicó a tratar a algunos ejecutivos como si estuviera en el mercado cerca de su casa, pretendiendo una vez más, llamar el interés de los aburridos e impacientes espectadores.

Para mí, lo más deplorable, y lo que terminó de abrirme los ojos, fue el hecho de querer llevarse información de la compañía. Yo, como jefe del área informática, no podía permitir eso, porque a pesar de ser parte de mis funciones, es un acto que atenta contra la ética y la moral, y eso, aunque a muchos les falte, es algo que siempre voy a respetar. Como era de esperarse, el haber cumplido con mi labor de defender la información de la empresa, hizo que esta señora hablara a mis espaldas con otras personas, pero para su mala suerte, todos en el lugar ya no daban crédito a sus palabras.

Su salida de la empresa fue por la puerta falsa, porque ella así lo quiso, y se fue no solo perdiendo reconocimiento, sino también amistades.

(…)

Para la gran mayoría de las personas la amistad es algo muy preciado, y como tal, siempre hay que cuidarla y protegerla.

La intención de este post es el de exponer, que las amistades se pueden perder por situaciones ajenas a nosotros mismos, y de manera insospechada, mientras que otras se culminan porque alguien toma decisiones incorrectas, que perjudican en mayor porcentaje a una de las partes, porque no se considera a esa relación como algo importante.

En cambio, otras se terminan cuando tu mismo te das cuenta que esa persona, a la cual siempre le fuiste leal, noble, fidedigno, demuestra con sus propios actos que no es un referente para ti, porque en vez de ser recíproco, te clavó una puñalada.

Por eso, siempre habrá la disposición de conservar a los pocos y verdaderos amigos que uno orgullosamente posee, y de ser posible, la de recuperar a los que por acontecimientos fortuitos tuvimos que dejar.

Posted on 29.3.09 by Francotte and filed under | 5 Comments »

La máquina del tiempo



Viernes 2:20 AM., me apresuro a salir de una fiesta a la cual no había planificado ir, y a la que acudí luego de ser convencido por una de mis amigas, argumentando que a una hora prudente podíamos retirarnos, ya que por su lado, tenía que trabajar al día siguiente, mientras que por el mío, sentía inevitablemente el peso del cansancio acumulado, a causa del intenso trajín del trabajo, y las pocas horas de sueño por andar desvelándome con los estudios, entre otras cosas.

El vacío que aparentemente dejó mi acompañante al lado de mi auto –previa retirada con otro invitado-, rápidamente fue ocupado por JT, un amigo nuestro que nos acompaño en esta celebración. Habiendo dejado a JT por un rumbo cercano a su casa, me desvíe nuevamente con dirección a mi hogar, cuando de manera inoportuna, fui sorprendido por una copiosa lluvia, la cual de forma instantánea cubrió las calles con mucha agua, obligándome a bajar de manera moderada la velocidad de mi vehículo.

Enciendo la radio, subo el volumen adecuadamente, quería escuchar música suave mientras manejaba con prudencia hasta mi destino. Fue entonces cuando comenzó a reproducirse una canción, que a pesar de haberla escuchado en infinitas ocasiones, siempre me invita a pensar un poco, y algunas veces, a viajar por el limbo del pasado y recordar momentos que –en su mayoría- creía haber olvidado: la máquina del tiempo.

(…)

Mi vida estudiantil se inició en el año 1987, en un colegio llamado “Cristo Salvador”, el cual por la ubicación que tenía, daba la impresión de ser exclusivo, o al menos, para chicos de familias acomodadas. Para mi caso, este paradigma no se cumplía porque, obviamente, yo no venía de una familia ricachona ni poderosa, sino de una medianamente estable. Fueron 5 años los que conviví con jóvenes de distintos estatus, desde los que siempre guardaban un perfil bajo, hasta los que se lucían con sus ropitas y juguetitos por las aulas, fanfarroneando que sus padres se los habían traído de los Estados Unidos.

Mi mamá siempre me decía que desde pequeño era de un carácter muy fuerte, y pude ir dando crédito a este testimonio en mis primeros años en primaria. Era frecuente que llamaran a mis padres al colegio a causa de algunos percances, en los que de hecho yo era uno de los involucrados. Recuerdo que era poco tolerante con los muchachitos que se atrevían a presumir de sus pertenencias en mi cara, y pues, a pesar de mi inocente aspecto de niño casero, siempre actuaba de manera impulsiva, propinándoles algunos cuantos golpes, poniendo en práctica lo que mi papá me enseñaba, cuando de defenderse se trataba.

Lo curioso de todo esto, es que recuerdo solo los hechos, pero no a los afectados. Sin embargo, dejando de lado la parte violenta del relato, recordé que por esas épocas infantiles, había una niña que estuvo en mi salón todo ese tiempo, que era distinguida por ser siempre la primera de la clase, también por ser premiada con diplomas y medallas por su rendimiento, y que sin duda, llamaba la atención por ser muy linda.

Lorena Ramírez era una niña delgada, de cabello rubio, ojos castaños, nariz respingada, y poseedora de una voz muy suave y dulce. Era imposible no darse cuenta de la presencia de Lorena en cualquier parte, ya que no solo inspiraba ternura e inocencia para los que compartíamos clases con ella, sino también por los muchachos de grados superiores. Probablemente ese reconocimiento prematuro hizo que ella siempre tuviera una postura de niña orgullosa, selectiva, distinguida, y eso por supuesto, es algo que muchos tuvimos que consentir.

Recuerdo que yo hacía todo tipo de intentos y maniobras para llamar su interés, pero a pesar de hacer mi mejor esfuerzo y de querer demostrarle mi aprecio, ella me seguía viendo con la misma frialdad y descuido con la que se ve a una cucaracha muerta.

La relación con Lorena fue un poco accidentada los primeros años, precisamente por su forma de ser, pero siempre cedí a cualquier conflicto con ella, y esto por ser la niñita que me inquietaba, la que me motivaba a ir al colegio todos los días.

Afortunadamente todo esto cambió, ella y yo nos hicimos amigos, nos conocimos de menos a más, hicimos varios trabajos en su casa, y ya contaba con un poco de su confianza. Lo lamentable de todo esto es que esta mejoría llegó cuando mis padres tomaron la decisión de cambiarme de colegio, lo cual era entendible, las pensiones subían considerablemente, y ellos tenían que buscar una mejor opción, con el fin de no perjudicar la parte económica familiar.

Fue entonces que en el año 1991, el último en aquella escuela, fue el inicio y el final de una historia discreta entre dos personas que empezaron a conocerse, dejando de lado las diferencias y pleitos del pasado, para empezar a escribir un nuevo capítulo, tanto Lorena como yo, por caminos separados en nuestros libros de la vida.

(…)

Tal vez mi suerte no mejoró mucho en el campo sentimental, sobre todo cuando entre a estudiar a mi nuevo centro estudiantil. El cambio de ambiente entre mi antiguo colegio con el nuevo fue muy grande, pasé de compartir aulas con muchachos engreídos a otras con jóvenes más avivados, más humildes, del mismo perfil que el mío. La adaptación fue instantánea, hice amigos rápidamente y pude sentir la comodidad que probablemente no gocé en el otro lugar.

Fue ahí donde conocí a Valeria Escudero, una chica muy simpática capaz de robarle miradas a muchos impávidos. Esta vez la situación era distinta, yo era nuevo en la escuela, y ella, con más tiempo estudiando en la zona, podía desenvolverse con total seguridad y confianza, caso contrario conmigo, ya que prudentemente debía ir ganando algo de terreno, por lo menos.

Hubo escasos intentos de mi parte para poder conocer más de esta chica, yo me hice -estratégicamente- amigo de las muchachas que pasaban el tiempo con ella dentro y fuera del colegio, y digamos que esto solo me favoreció un poco, porque si bien es cierto que pude tener mas comunicación con Valeria, ella ya estaba en afanes con un compañero del salón, el cual fue uno de los primeros con los que entablé una gran amistad cuando empecé a estudiar. La supuesta relación entre ambos se hizo evidente en una reunión organizada por una compañera en su casa. Confieso que luego de ese día, sentí un poco de envidia y frustración por DG, quien seguía siendo mi amigo, y a quien torpemente le hice ver mi molestia en varias oportunidades. Luego de varios días, y reconocer que estaba equivocado, le pedí disculpas a DG por mi desubicada actitud y nuestra amistad siguió su curso.

Ese fue el único año que vi a Valeria, porque cuando terminamos la primaria, ella viajó al extranjero a buscar un mejor porvenir. Hasta el día de hoy, desconozco su paradero, pero estoy seguro que donde haya decidido quedarse, le está yendo muy bien.

Luego llegó la secundaría, pero esa historia llena de revelaciones y confidencias, ya ha sido contada.

(…)

DN era una mujer impresionante, guapísima por cualquier lado donde se le mire; a sus tan solo 16 años aparentaba ser una de 25, y con su basta presencia exudando glamour y belleza podía provocar desde los más elegantes hasta los más pretenciosos piropos.

Ambos nos conocimos en nuestros inicios de los estudios universitarios, precisamente en la misma carrera. Fue en el segundo día de clases donde empezamos a conocernos, ella se sentó a mi lado en esa oportunidad, lo cual facilitó el diálogo entre los dos. Conforme pasaban los días, ella también empezó a conocer a los demás compañeros de clase, incluso, llamando la atención de uno de ellos. Por mi parte, yo tenía mucha afinidad con todos los integrantes del salón, inclusive con EC, el chico que quedó impactado con el encanto y sensualidad de DN.

En esta crónica, hay una actriz adicional, de la cual no recuerdo ya ni su nombre, ya que su participación pasajera quedó a la postre en lo más profundo del baúl de los malos recuerdos. Esta infausta mujer, a la que llamaré N, se hizo pasar como amiga de ambos (DN y yo), para tratar de sacar información, quizás para satisfacer su ego chismoso y chabacano.

La acción tomada por N fue muy puntual, prevenir a EC de que yo estaba atrás de DN, y se prestó para entorpecer la relación entre DN y yo. Al final, su misión fue cumplida, por decirlo así, ya que EC, luego de varios intentos, pudo ligar con DN, justo cuando yo estaba decidido a dar un paso más con ella. Lo peor de todo fue que N perpetró fundamentos falsos para desacreditarme con DN, y viceversa, lo que motivo que ambos nos distanciáramos, más aun cuando ella y EC ya eran oficialmente enamorados.

Lo que empezó tan bien entre DN y yo se desmoronó como castillo de naipes, por haber caído inocentemente en el juego siniestro de N. Poco después, la nueva pareja se alejó de N, porque según me enteré más adelante, esta se dedicó a hablar tonterías de ellos con otras personas cercanas al dueto.

Pasaron varios meses, y la pareja decidió separarse. A pesar de tal suceso, la relación entre DN y yo seguía delicada, entonces, aprovechando la situación, decidimos olvidar los malos entendidos y de a pocos comenzamos a reconstruir el apego que iniciamos hace tiempo.

Algunos años después, me la vuelvo a encontrar en la universidad; seguía siendo la mujer encantadora y buena moza que conocí. No obstante, preferí quedarme con la imagen primaveral y juvenil que exhibió en los arranques de nuestra formación profesional.

(…)

La canción se termina, justo a unos metros de llegar a mi casa, y junto con ella, la indeseada lluvia. Es increíble que en un poco más de 3 minutos, haya podido recuperar esas memorias que según yo, ya eran inexistentes.

No se si mi temporal e innecesaria decepción por haber salido de la fiesta sin la que fue mi acompañante, originó este viaje por el tiempo, pero, si tengo que decir que muy aparte de los desenlaces en las historias, pude aprender muchas cosas, y entre ellas, saber reconocer que algunas veces se gana y otras se pierde, y que ante una incidencia similar, uno siempre tiene que actuar con la madurez del caso, manteniendo íntegra la dignidad, y finalmente, tener los recursos necesarios para salir impune de cualquier eventualidad parecida.

Al final de todo, nadie es culpable de nada, la vida sigue su curso y esto es simplemente una lección más que esta nos da, porque a la larga, uno nunca deja de aprender.

Posted on 14.3.09 by Francotte and filed under | 2 Comments »

Traspasando fronteras



Habiendo terminado una angustiada semana de exámenes en la Universidad, y de paso, culminando mis 15 días de vacaciones laborales (sin haber hecho realmente nada rescatable), me puedo tomar el tiempo de sentarme y meditar respecto a un tema que probablemente no sea –para algunos- importante, pero considero que es interesante.

No es nada nuevo el conocer que en distintas partes del mundo existen diversos tipos de rivalidades, y me refiero específicamente a las que suelen ocurrir por los temas fronterizos. De hecho que hay muchas causas de conflictos a nivel global, entre las cuales, es la más resaltante el tema religioso, que por el momento prefiero no comentar, porque es algo de lo que no gusto hablar con frecuencia.

El problema de este tipo de polémicas, es que por lo general, sin poder discernir entre quienes son los principales responsables de estas, se meten a todos –justos y pecadores- dentro de un mismo saco, haciendo que de manera involuntaria se genere un resentimiento popular hacia esta gente. Para citar un ejemplo puntual, en el Perú, desde hace muchos años, se ha cultivado una especie de rechazo hacia los chilenos, y esto posiblemente por la marca que ha podido dejar en la historia la denominada “Guerra del Pacífico”, la cual como ya sabemos, fue victoria chilena.

Sin embargo, luego de haber conversado con un gran amigo mío, César Cortéz, quien además es un excelente historiador, pude llegar a la conclusión de que esa guerra no fue ganada por una superioridad abrumadora de los chilenos, sino todo lo contrario (y aunque suene muy duro para mis paisanos), fue porque el país, desde la época de la conquista, careció de integridad nacional, donde la población era netamente indígena, pero, la clase dirigente que en ese entonces dominaba, nunca los quiso reconocer como ciudadanos legítimos, lo cual, simplemente hizo que los indios vivieran resentidos, y en el tiempo del conflicto, cuando el mismo país estaba quebrado económicamente y donde el desorden era el común denominador, esta desintegración fue perjudicial, porque los indígenas no iban a defender, de la noche a la mañana, un lugar en el cual no fueron reconocidos como tales.

Es un tema muy complejo definitivamente, pero también hay que reconocer que la astucia de los chilenos quedó demostrada, por el simple hecho de aprovechar las falencias y debilidades que eran evidentes en esa sociedad convulsionada.

Es verdad que hay personas que tienen la habilidad de hacer mejor las cosas que los demás, sin duda, como también existen los que usan la inteligencia para fines perversos, y no para un mejor objetivo. Con esto quiero dejar en claro que a pesar de existir estos caracteres, no todos son iguales, es decir, existe gente mala, pero, estos se encuentran en todas partes del mundo, y no precisamente en los lugares cuya historia relate hechos no muy agradables para otros.

Cuando tenía la edad de 5 años, tuve la suerte de viajar con mis padres a Chile, donde fuimos recibidos por mis tíos Raúl y Dominga, quienes son oriundos de Santiago. Muchos me preguntan hasta ahora como es que tengo tíos chilenos si yo soy nacido en Perú; para responder a esa pregunta, debo retroceder un poco en el tiempo. Por la década de los sesentas, varios de mis tíos (los peruanos) fueron de paseo por la capital chilena, y es ahí donde improvisadamente ellos llegan a conocer a Raúl y Dominga, quienes en ese entonces estaban de enamorados. Ambos bandos (chilenos y peruanos) entablaron una bonita amistad, lo cual, les permitió a mis tíos peruanos a invitar a la pareja de luna de miel al Perú, cuando estos tomen la decisión de casarse.

El matrimonio se llevó a cabo y la promesa hecha en su momento por los amigos peruanos se cumplió. Fue entonces que por primera vez, Raúl y Dominga visitaron al Perú, quedando totalmente maravillados. Luego de esa visita, ellos tuvieron la oportunidad de seguir viniendo al país, obviamente, gozando de la acogida de toda mi familia. Años más tarde, ante el nacimiento de mi prima Sandra, sus padres les hicieron la propuesta de ser sus padrinos, la cual, ellos aceptaron.

Cuando estuve por Chile en el año 1987, a pesar de haber tenido una corta edad, recuerdo que la pasamos muy bien, la hospitalidad que nos dieron fue estupenda, conocimos varios lugares importantes del país, no solo con mis tíos, sino también con sus hijos, Henry y Evelyn, quienes se daban un tiempo para poder entretener a este infante de escasos 5 añitos.




Precisamente, la pareja de esposos chilena estuvo nuevamente de visita por aquí, quedándose de vacaciones por un mes, y a pesar de que yo he estado un poco complicado con el tiempo, pude hacer un espacio para reunirme con ellos y pasarla bien con todos. Tengo que decir que ambos son unas personas geniales, atentas, divertidas, con mucho carisma y muy cálidas. Es siempre un placer el disfrutar de su presencia en este lugar, porque ellos son una muestra clara de que muy aparte de la distancia u otras cosas que se digan fuera de nuestras fronteras, no existen ni existirán diferencias.

Los días pasaron muy rápido y llego el momento de la partida, así que aproveché ese instante para poder robarme un flash con ellos y dejar para la posteridad una foto, con la criatura que hace más de 20 años tuvo el honor de entrar en su morada. Por supuesto, esta por demás decir que siempre serán bienvenidos en este valle de lágrimas llamado Perú.



Finalmente, tengo que decir que si tome la decisión de contar esta bonita historia, fue para demostrar, al menos en mi caso, que distintas cosas pueden decirse con facilidad y lozanía de muchas personas, más aun si el origen de esta gente es extranjero. No obstante, como mencioné en los primeros párrafos, en todas partes hay gente buena y gente mala, por ello, pienso que es injusto señalar con descaro a otros sin antes reflexionar sobre que tan bueno o malo es uno mismo.

No interesa en absoluto de donde viene cada quien, ya que al menos para mí, la calidad humana no tiene ni tendrá nacionalidad.

Posted on 2.3.09 by Francotte and filed under | 5 Comments »