La máquina del tiempo



Viernes 2:20 AM., me apresuro a salir de una fiesta a la cual no había planificado ir, y a la que acudí luego de ser convencido por una de mis amigas, argumentando que a una hora prudente podíamos retirarnos, ya que por su lado, tenía que trabajar al día siguiente, mientras que por el mío, sentía inevitablemente el peso del cansancio acumulado, a causa del intenso trajín del trabajo, y las pocas horas de sueño por andar desvelándome con los estudios, entre otras cosas.

El vacío que aparentemente dejó mi acompañante al lado de mi auto –previa retirada con otro invitado-, rápidamente fue ocupado por JT, un amigo nuestro que nos acompaño en esta celebración. Habiendo dejado a JT por un rumbo cercano a su casa, me desvíe nuevamente con dirección a mi hogar, cuando de manera inoportuna, fui sorprendido por una copiosa lluvia, la cual de forma instantánea cubrió las calles con mucha agua, obligándome a bajar de manera moderada la velocidad de mi vehículo.

Enciendo la radio, subo el volumen adecuadamente, quería escuchar música suave mientras manejaba con prudencia hasta mi destino. Fue entonces cuando comenzó a reproducirse una canción, que a pesar de haberla escuchado en infinitas ocasiones, siempre me invita a pensar un poco, y algunas veces, a viajar por el limbo del pasado y recordar momentos que –en su mayoría- creía haber olvidado: la máquina del tiempo.

(…)

Mi vida estudiantil se inició en el año 1987, en un colegio llamado “Cristo Salvador”, el cual por la ubicación que tenía, daba la impresión de ser exclusivo, o al menos, para chicos de familias acomodadas. Para mi caso, este paradigma no se cumplía porque, obviamente, yo no venía de una familia ricachona ni poderosa, sino de una medianamente estable. Fueron 5 años los que conviví con jóvenes de distintos estatus, desde los que siempre guardaban un perfil bajo, hasta los que se lucían con sus ropitas y juguetitos por las aulas, fanfarroneando que sus padres se los habían traído de los Estados Unidos.

Mi mamá siempre me decía que desde pequeño era de un carácter muy fuerte, y pude ir dando crédito a este testimonio en mis primeros años en primaria. Era frecuente que llamaran a mis padres al colegio a causa de algunos percances, en los que de hecho yo era uno de los involucrados. Recuerdo que era poco tolerante con los muchachitos que se atrevían a presumir de sus pertenencias en mi cara, y pues, a pesar de mi inocente aspecto de niño casero, siempre actuaba de manera impulsiva, propinándoles algunos cuantos golpes, poniendo en práctica lo que mi papá me enseñaba, cuando de defenderse se trataba.

Lo curioso de todo esto, es que recuerdo solo los hechos, pero no a los afectados. Sin embargo, dejando de lado la parte violenta del relato, recordé que por esas épocas infantiles, había una niña que estuvo en mi salón todo ese tiempo, que era distinguida por ser siempre la primera de la clase, también por ser premiada con diplomas y medallas por su rendimiento, y que sin duda, llamaba la atención por ser muy linda.

Lorena Ramírez era una niña delgada, de cabello rubio, ojos castaños, nariz respingada, y poseedora de una voz muy suave y dulce. Era imposible no darse cuenta de la presencia de Lorena en cualquier parte, ya que no solo inspiraba ternura e inocencia para los que compartíamos clases con ella, sino también por los muchachos de grados superiores. Probablemente ese reconocimiento prematuro hizo que ella siempre tuviera una postura de niña orgullosa, selectiva, distinguida, y eso por supuesto, es algo que muchos tuvimos que consentir.

Recuerdo que yo hacía todo tipo de intentos y maniobras para llamar su interés, pero a pesar de hacer mi mejor esfuerzo y de querer demostrarle mi aprecio, ella me seguía viendo con la misma frialdad y descuido con la que se ve a una cucaracha muerta.

La relación con Lorena fue un poco accidentada los primeros años, precisamente por su forma de ser, pero siempre cedí a cualquier conflicto con ella, y esto por ser la niñita que me inquietaba, la que me motivaba a ir al colegio todos los días.

Afortunadamente todo esto cambió, ella y yo nos hicimos amigos, nos conocimos de menos a más, hicimos varios trabajos en su casa, y ya contaba con un poco de su confianza. Lo lamentable de todo esto es que esta mejoría llegó cuando mis padres tomaron la decisión de cambiarme de colegio, lo cual era entendible, las pensiones subían considerablemente, y ellos tenían que buscar una mejor opción, con el fin de no perjudicar la parte económica familiar.

Fue entonces que en el año 1991, el último en aquella escuela, fue el inicio y el final de una historia discreta entre dos personas que empezaron a conocerse, dejando de lado las diferencias y pleitos del pasado, para empezar a escribir un nuevo capítulo, tanto Lorena como yo, por caminos separados en nuestros libros de la vida.

(…)

Tal vez mi suerte no mejoró mucho en el campo sentimental, sobre todo cuando entre a estudiar a mi nuevo centro estudiantil. El cambio de ambiente entre mi antiguo colegio con el nuevo fue muy grande, pasé de compartir aulas con muchachos engreídos a otras con jóvenes más avivados, más humildes, del mismo perfil que el mío. La adaptación fue instantánea, hice amigos rápidamente y pude sentir la comodidad que probablemente no gocé en el otro lugar.

Fue ahí donde conocí a Valeria Escudero, una chica muy simpática capaz de robarle miradas a muchos impávidos. Esta vez la situación era distinta, yo era nuevo en la escuela, y ella, con más tiempo estudiando en la zona, podía desenvolverse con total seguridad y confianza, caso contrario conmigo, ya que prudentemente debía ir ganando algo de terreno, por lo menos.

Hubo escasos intentos de mi parte para poder conocer más de esta chica, yo me hice -estratégicamente- amigo de las muchachas que pasaban el tiempo con ella dentro y fuera del colegio, y digamos que esto solo me favoreció un poco, porque si bien es cierto que pude tener mas comunicación con Valeria, ella ya estaba en afanes con un compañero del salón, el cual fue uno de los primeros con los que entablé una gran amistad cuando empecé a estudiar. La supuesta relación entre ambos se hizo evidente en una reunión organizada por una compañera en su casa. Confieso que luego de ese día, sentí un poco de envidia y frustración por DG, quien seguía siendo mi amigo, y a quien torpemente le hice ver mi molestia en varias oportunidades. Luego de varios días, y reconocer que estaba equivocado, le pedí disculpas a DG por mi desubicada actitud y nuestra amistad siguió su curso.

Ese fue el único año que vi a Valeria, porque cuando terminamos la primaria, ella viajó al extranjero a buscar un mejor porvenir. Hasta el día de hoy, desconozco su paradero, pero estoy seguro que donde haya decidido quedarse, le está yendo muy bien.

Luego llegó la secundaría, pero esa historia llena de revelaciones y confidencias, ya ha sido contada.

(…)

DN era una mujer impresionante, guapísima por cualquier lado donde se le mire; a sus tan solo 16 años aparentaba ser una de 25, y con su basta presencia exudando glamour y belleza podía provocar desde los más elegantes hasta los más pretenciosos piropos.

Ambos nos conocimos en nuestros inicios de los estudios universitarios, precisamente en la misma carrera. Fue en el segundo día de clases donde empezamos a conocernos, ella se sentó a mi lado en esa oportunidad, lo cual facilitó el diálogo entre los dos. Conforme pasaban los días, ella también empezó a conocer a los demás compañeros de clase, incluso, llamando la atención de uno de ellos. Por mi parte, yo tenía mucha afinidad con todos los integrantes del salón, inclusive con EC, el chico que quedó impactado con el encanto y sensualidad de DN.

En esta crónica, hay una actriz adicional, de la cual no recuerdo ya ni su nombre, ya que su participación pasajera quedó a la postre en lo más profundo del baúl de los malos recuerdos. Esta infausta mujer, a la que llamaré N, se hizo pasar como amiga de ambos (DN y yo), para tratar de sacar información, quizás para satisfacer su ego chismoso y chabacano.

La acción tomada por N fue muy puntual, prevenir a EC de que yo estaba atrás de DN, y se prestó para entorpecer la relación entre DN y yo. Al final, su misión fue cumplida, por decirlo así, ya que EC, luego de varios intentos, pudo ligar con DN, justo cuando yo estaba decidido a dar un paso más con ella. Lo peor de todo fue que N perpetró fundamentos falsos para desacreditarme con DN, y viceversa, lo que motivo que ambos nos distanciáramos, más aun cuando ella y EC ya eran oficialmente enamorados.

Lo que empezó tan bien entre DN y yo se desmoronó como castillo de naipes, por haber caído inocentemente en el juego siniestro de N. Poco después, la nueva pareja se alejó de N, porque según me enteré más adelante, esta se dedicó a hablar tonterías de ellos con otras personas cercanas al dueto.

Pasaron varios meses, y la pareja decidió separarse. A pesar de tal suceso, la relación entre DN y yo seguía delicada, entonces, aprovechando la situación, decidimos olvidar los malos entendidos y de a pocos comenzamos a reconstruir el apego que iniciamos hace tiempo.

Algunos años después, me la vuelvo a encontrar en la universidad; seguía siendo la mujer encantadora y buena moza que conocí. No obstante, preferí quedarme con la imagen primaveral y juvenil que exhibió en los arranques de nuestra formación profesional.

(…)

La canción se termina, justo a unos metros de llegar a mi casa, y junto con ella, la indeseada lluvia. Es increíble que en un poco más de 3 minutos, haya podido recuperar esas memorias que según yo, ya eran inexistentes.

No se si mi temporal e innecesaria decepción por haber salido de la fiesta sin la que fue mi acompañante, originó este viaje por el tiempo, pero, si tengo que decir que muy aparte de los desenlaces en las historias, pude aprender muchas cosas, y entre ellas, saber reconocer que algunas veces se gana y otras se pierde, y que ante una incidencia similar, uno siempre tiene que actuar con la madurez del caso, manteniendo íntegra la dignidad, y finalmente, tener los recursos necesarios para salir impune de cualquier eventualidad parecida.

Al final de todo, nadie es culpable de nada, la vida sigue su curso y esto es simplemente una lección más que esta nos da, porque a la larga, uno nunca deja de aprender.

Posted on 14.3.09 by Francotte and filed under | 2 Comments »

2 comentarios:

LA TIGRITA dijo... @ 15 mar. 2009 11:32:00

Las cosas no pueden salir siempre como se quiere. Y la mayoría de las veces no logramos comprenderlo.
Pero lo bueno de todo esto es que de una manera u otra la esperanza permanece con nosotros, es la que día tras día nos impulsa; y pese a los sin sabores de la vida nos ayuda a continuar.. a seguir luchando, a seguir aprendiendo, porque lo importante es vivir felíz con lo que se tiene, aprender esa lección de vida para ser mejores cada día....
Saludos atigrados, Denise.

Glenn K. dijo... @ 16 mar. 2009 8:09:00

Esto parece de supercampeones... que corres la cancha y te demoras 3 horas xq vienen todos los recuerdos pero en realidad pasaron unos minutos...

Creo q todos tenemos historias que por a o b se nos vienen a la mente ne momentos inpensados, creo que olvidar es imposible... lo mejor es saber convivir con el pasado maestro...