Una victoria inalcanzable



Una vez más, pasaron varios días para que pudiese elegir de que hablar en este blog, y es que a veces es bueno –en mi opinión- dejar que pase un poco el tiempo para poder recolectar algunos elementos informativos que puedan sostener algún tema especifico. En esta oportunidad, a pesar que he tratado de evitarlo, decidí narrar algo que no tiene mucho que ver con asuntos personales, ni mucho menos con recuerdos o situaciones particulares recientes, sino, de un problema céntrico, intrínseco, profundo, y que sin duda puede ser un factor importante en la poca identificación de una sociedad, que textualmente, no se entiende a sí misma.

Hace algunos días, tuve la mala suerte de ver los partidos de futbol de la selección peruana, esta vez, contra sus similares de Chile y Brasil. En ambos encuentros, como ya era de esperarse, fueron bochornosas e indecentes derrotas, sin embargo, los resultados y estadísticas de ambos juegos se los dejo a los comentaristas deportivos. Debo dejar bien en claro que en este blog, de lo último que hablaría, es de esta selección desprestigiada y deshonrosa, pero para el contexto que se quiere analizar es sin duda un buen ejemplo.

Como es costumbre, me conecté al Messenger una noche y me encontré con mi buen amigo César Cortez, quien es todo un especialista cuando de historia se trata, y a quien recurro cada vez que me embarga la curiosidad por saber algunas incidencias pasadas, u otros acontecimientos que hayan marcado significativamente parte de la realidad actual. Recuerdo que esa noche le pregunte si había visto estos encuentros futbolísticos, pero no con la intención de comentar sobre el desarrollo de ambos juegos, sino de la impresión que dejaron los jugadores en los momentos previos de cada partido. La respuesta de César fue corta y contundente: “vi pena y conformismo”. Nada lejos de la verdad su opinión, por ello insistí en continuar con el estudio de este comportamiento.

En primer lugar, si nos enfocamos en el encuentro con los chilenos, se apreció un exceso de confianza por parte de los integrantes del equipo peruano, y ante la sorpresa de tener a un rival muy superior, que abrió el score tempranamente, y que jugó con la total comodidad ante la poca presión del público local, simplemente cayeron en una inseguridad crónica, que a su vez, motivo a actuar con un alto grado de irresponsabilidad a algunos jugadores, buscando amonestaciones tontas, con el fin de evitar jugar un siguiente partido, y evadir cualquier carga ante otra posible derrota.

En segundo lugar, revisando la cita deportiva con Brasil, los jugadores peruanos demostraron que ya habían perdido el juego antes de empezarlo. Llegué a mi casa después de salir de la universidad y encendí el televisor para ver algo de noticias, cuando lo primero que alcancé a ver fueron unas entrevistas a algunos de estos distinguidos representantes del balompié nacional, y lo único que se notaba en cada uno de ellos era una aparente desconfianza, un cierto conformismo, una clara resignación. El resultado fue a favor de los locales, y era lógico, porque con una actitud derrotista, pesimista, claudicante, no se puede llegar tan lejos.

Jorge Basadre, un historiador reconocido de la república, elucubró en uno de sus tantos ensayos una singular disposición del peruano ante la derrota, y esto debido a un par de traumas que hasta el día de hoy permanecen en el subconsciente del mismo: la conquista española y la guerra con Chile, conocida también como la “Guerra del Pacífico”.

Estos dos hechos sin duda, son como un par de grandes e insoportables grilletes que no dejan avanzar, una herencia realmente absurda de unas derrotas que no queremos –ni sabemos- comprender, condenándonos a pagar los errores de nuestros antepasados. Adicionalmente, siendo este un país pobre, estas cargas se hacen más pesadas, ya que muchas veces se hace una retroalimentación a nuestra incómoda situación con temas del pasado, retrazando aun más el potencial progreso de la comunidad.

Para muchos está claro que si el Perú fuese un país desarrollado, estos temas de la guerra ya hubiesen sido asimilados, pero ante la caótica realidad, cuesta mucho más el poder reconocernos. Esta situación se complica aun más a causa de otros factores, por mencionar algo, en los colegios donde a los niños les enseñan partes de la historia con un mediano nivel de inexactitud. Cuando yo estaba en la primaria, recuerdo que nos explicaron que los españoles, con su número íntegro de soldados, vencieron a todo un imperio de millones de indios. Sinceramente no recuerdo con precisión la cantidad de soldados que mis libros educativos informaban, sin embargo, tuvieron que pasar muchos años para enterarme que solo fue un ejército de 187 hombres, con lo cual deduje automáticamente que con esa cifra es imposible vencer a un pueblo de miles de integrantes, y si estos pudieron someter a todo un imperio poderoso, fue porque –como lo es actualmente- existían grupos opositores al gobernador (en este caso el inca), y estos se aliaron a los conquistadores para poder derrocarlo y así colaborar con la invasión.

Todas estas circunstancias generan una escasez de identificación, y hasta se habla que genéticamente existe un componente que nos impide conocer lo que es ganar. Es otro tema complejo definitivamente, pero si tengo que decir que en ambos sucesos mencionados anteriormente, lo que primó fue una total desunión.

El no entender o disfrutar de una victoria, es quizás un síntoma de frustración en muchos de nosotros, aunque indirectamente no nos percatemos. Lo ocurrido con los jugadores de futbol es un ejemplo claro de lo que es capaz de manifestar un grupo de personas que no se identifica completamente con sus raíces, y por ello caen en la mediocridad. Yo les aseguro que cualquier otro equipo sudamericano, estando en la situación actual del plantel peruano, eliminados o no de un torneo, pelearían hasta el final un partido, por menos que este signifique para la escala numérica en la clasificación, porque muy a pesar de estar bien o mal, defienden con orgullo la camiseta del país que los vio nacer.

Después de haber revisado todo lo anterior, surge una pregunta: ¿Qué pasaría si a los niños de hoy no les enseñáramos nada de historia, en especial sobre la conquista y la guerra con Chile?, probablemente la respuesta más apropiada sería que estos infantes crecerían con mayor seguridad de sí mismos, pero, solo nos queda afrontar los hechos y tratar de inculcar buenos valores en las futuras generaciones.

Es semana santa, y también haré un MEA culpa, ya que por más que lo haya negado alguna vez, me he sentido incapaz en varias ocasiones, sobre todo en el plano afectivo, pero queda mi total compromiso por aprender a decir las cosas en su momento y no volver a cometer los mismos errores, porque de eso se trata la vida, de vencer obstáculos.

No quiero dejar pasar que justamente hoy, 10 de Abril, conmemoro un año más de existencia, y opté por tocar este tema en este día, para dar el punto de partida a un cambio, que de hecho será por un bien, por un fin satisfactorio, por una meta venturosa, porque así tiene que ser.

PD: El primer video es de una canción que me encanta, y que tiene un poco que ver con lo que he tratado de exponer en este post. El segundo, es un video que se lo dedico a mi gran amigo César Cortez, quien siempre está disponible cuando se trata de asesorarme en la parte documental.



Posted on 10.4.09 by Francotte and filed under | 7 Comments »