Agradeciendo



Probablemente este sea el post más corto de todo el blog, pero creo que será muy simbólico. Por lo general siempre dejo pasar un poco los días para poder dosificar mejor las ideas y relatos que sin ningún tipo de restricción comparto con todos mis lectores, pero como muchos ya saben, decidí ausentarme por un buen tiempo, no porque haya perdido el encanto por escribir en este espacio virtual, sino porque necesitaba recuperar el carisma y entusiasmo que temporalmente se apagaron tras la pérdida de una persona importante para mi.

Durante el proceso, y a pesar de no postear temas nuevos, mucha gente que me sigue no dejó de darme su apoyo y los buenos deseos de retornar a esto, a lo que de a pocos se fue convirtiendo en más que un simple gusto, sino en algo fundamental en mi rutina.

Podría dar una lista larga de la gente que me brindó su desinteresado soporte, pero esta vez, quiero dedicar estas breves líneas a uno de ellos, una persona que siempre ha estado siguiendo este blog y que en cada tema publicado ha dejado sus mejores aportes, manteniendo siempre la simpatía y buena onda.

Gracias, mi amigo Route 66, por considerarme un compañero más para ti, y por haberme otorgado mi primer premio virtual, suena gracioso, pero la intención y reconocimiento vale mucho más que algún tipo de trofeo, y tal como lo mencionas en tu blog, no solo tu aprendes de las cosas que los demás suelen compartir, te confieso que yo soy igual, y lo que me motiva aun más el seguir escribiendo, es que todavía existen personas que poseen las mismas pasiones que las nuestras, claro, puede verse como algo intrínseco, pero no sabes lo bien que se siente.

Yo también quiero reconocer públicamente la calidad con la que expones tus conocimientos en tu blog, y no tengo porque rechazar el galardón, tu mismo lo has dicho, no soy ni Marlon Brando, y tampoco estamos en los Oscar, menos mal.

Venga el premio, y por supuesto, este breve pero figurado post, es para ti.



PD: Por cierto, la canción es parte de la dedicatoria.

Posted on 20.9.09 by Francotte and filed under | 9 Comments »

No es más que un hasta luego



Tenía seis años cuando de manera incansable te pedía que me llevaras a la calle de las pizzas, aquella que por esas épocas estaba de moda, y donde se podía disfrutar lo mejor de esos aperitivos. Mi hermano era muy pequeño, pero igual era un gran motivo para llevarlo y compartir con el ese agradable momento. Eran vísperas del inicio de clases en el colegio, y era una ansiedad tremenda la que exudabas por querer visitar conmigo las tiendas que en esas temporadas ofrecían todo tipo de elementos obligados en la bitácora estudiantil. Te esforzabas para que tenga lo mejor, como un padre hacia un hijo, porque precisamente eso era para ti.

No éramos probablemente muy frecuentes, pero me entusiasmaba mucho la idea de poder verte los fines de semana, aquellos que mis padres aprovechaban para las visitas familiares, y que obviamente significaban la ocasión perfecta para poder deleitarme con tus consentimientos. El tiempo pasaba muy rápido, yo me hacía más grande, y tú seguías siendo el mismo, aun cuando en todo ese proceso pude ver más de tu personalidad, la que te hacía muy distinto a los demás, la que te diferenciaba del resto.

Los años seguían su curso, y denotabas con más énfasis tu forma de ser, no solo con todos los que te rodeaban, sino conmigo mismo. Lo admito, muchas de las cosas que nos tocó vivir me hacían verte diferente, contradictorio; aquella imagen tuya -paternal y dadivosa- que hasta ese momento ostentaba, comenzó a nublarse, y ello motivó que se produjera un ineludible alejamiento.

Fuimos todos presas fáciles del tiempo, la vida siguió su curso con ambos, cada quien a su manera. A pesar de tener esa sensación de distanciamiento, no podía olvidar todo lo que pasamos juntos en aquellos años, sin duda, los mejores de mi vida. Fue cuando me enteré de tu estado que decidí darle un giro radical a mis ideas y traté de demostrarte que siempre fuiste una persona importante para mí. Inevitablemente, llegó un día 8 de Mayo, el cual tuviste que partir, mientras que yo, aun sin ánimos de creerlo, no tuve la chance de darte mi último adiós.

Nadie quería creer que esto había pasado, que de forma tan repentina hayas dejado este mundo mortal para tomarnos la delantera en un camino que muchos, más adelante y de manera inapelable, tendremos que recorrer. Lo que te voy a contar probablemente ya lo sabes, y es que hasta el último instante, todos estuvimos muy pendientes de tu situación, sí, incluso José, tu leal e inseparable compañero, aquel que alguna vez cayó enfermo y al que sin mayor reparo fuiste a socorrer, el que siempre te vio como más que un amigo, sino como un hermano. Era notorio el dolor de José, pero se comportó a la altura del momento, porque sabía que ahora tenía otra misión, la de apoyar a su nueva familia.

Siempre fuiste una persona directa, alguien que no se quedaba callado ante algún tipo de injusticia; manejabas un estilo mordaz muy particular, el cual te hizo una persona de temer. Tu incomprendido estilo de defender a los que más querías te llevó a pensar alguna vez que nadie te consideraba, que eras intratable, o quizás un inconforme, sin embargo, lo que lograste es que la gente vea en ti a un hombre auténtico, alguien que siempre defendió sus ideas, y que todo era por un buen fin. Te cuento también que todas esas personas, las que seguramente pensaste que nunca iban a acompañarte, estuvieron ahí, a tu lado, y compartiendo con todos nosotros este pesar.

Al lugar también llegaron tus fieles amigos de la cuadrilla 17, con los que pasaste muchos años de tu vida compartiendo aventuras y costumbres de todo tipo. Precisamente ellos, con los que tuviste el privilegio de cargar al Señor de los Milagros, hicieron su acostumbrada alineación, y de manera ordenada te llevaron en hombros hasta el destino final, en el cual ibas a descansar eternamente. El trayecto se hacía interminable, y mientras duraba, no podía dejar de pensar en todos los momentos buenos y malos que vivimos, en esas épocas que compartíamos nuestro tiempo desinteresadamente, esas que quedarán estampadas en los más preciados recuerdos, esas que no volverán.

Han pasado ya cuatro meses de tu partida, y me es imposible aceptar hasta hoy que ya no estás con nosotros. Te fuiste tan rápido que no alcancé a darte mis últimas palabras, pero bien dice el refrán: “más vale tarde que nunca”.

Sé que en alguna parte del cielo, podrás encontrar un lugar donde leer este discreto espacio virtual, para que te enteres que nunca me olvidaré de los extraordinarios años que pasé contigo, que a pesar de todos los problemas, de las altas y las bajas, siempre fuiste alguien muy importante, no solo para mí, sino para toda la familia. Cometiste varios errores, como muchos de nosotros, somos humanos y podemos hacerlo, pero eso no va a borrar los gratos recuerdos que nos quedaron tras tu deceso. Nunca tuve la oportunidad de pedirte disculpas por las incontables veces que me porte mal contigo, siempre supiste como soy, y aun así tuviste mucha paciencia, porque sé que por más diferencias que hayan existido, siempre fui más que un sobrino para ti. Esta casa no es la misma desde que te fuiste, porque se te sigue extrañando, y mucho.

Por eso, hago este merecido reconocimiento hacia tu persona, una especie de homenaje póstumo para alguien especial, para un ser que en vida, con sus defectos y virtudes, no haya sido un modelo ejemplar, pero si fue un buen hombre, sobretodo, con un grandísimo corazón.

Descansa en paz, tío Walter.

Posted on 13.9.09 by Francotte and filed under | 4 Comments »